EL CAPITAN SANCHEZ VALIENTE DIO COBERTURA A TEJERO EN EL CONGRESO COMO ENVIADO DEL CESID

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     HOMBRES FIELES

     En la trama organizada desde el Cesid por Cortina, con la anuencia de Calderón, para dar cobertura a los planes de Tejero y Armada destacaban otros dos oficiales de la Guardia Civil: los capitanes Vicente Gómez Iglesias y Gil Sánchez Valiente. Ambos habían colaborado con Tejero en el País Vasco, desde la 512 Comandancia de San Sebastián y desde el cuartel de Eibar. En aquellas fechas, el teniente coronel Tejero ya planeaba su primera intentona involucionista, Operación Galaxia.

     Esta primera conspiración militar fue desmontada en 1978 por el general Bourgón López Dóriga, un hombre de la confianza de Gutiérrez Mellado y primer director del Cesid. Tanto Gómez Iglesias como Sánchez Valiente procedían de los servicios especiales de la Guardia  Civil y se habían curtido en la lucha antiterrorista. Gómez Iglesias y Sánchez Valiente eran dos de los tapados que Cortina tenía en las inmediaciones del Congreso la tarde del intento de golpe de Estado.

     La dirección del Cesid desarrollaba la operación tan en secreto que, incluso, sus agentes desconocían que Sánchez Valiente se había trasladado, hacía unas semanas, del Gossi, los servicios especiales de la Guardia Civil, a la unidad de Cortina. El capitán de la Guardia Civil era amigo personal de Javier Calderón ya que ambos habían nacido en el mismo pueblo de Dos Barrios, en Toledo.

     El responsable de la AOME, para que Gómez Iglesias y Sánchez Valiente disfrutaran de libertad de movimiento en las semanas previas al golpe, les buscó un destino ideal: un curso de formación. Era la mejor coartada para no levantar suspicacias y estar liberados del servicio. Por ello, no es de extrañar que nadie se percatara de que Sánchez Valiente, desde mediados de los 80, se dedicaba a sondear los ánimos golpistas y las personas envueltas en intrigas involucionistas para después contárselo a Cortina.

     Sánchez Valiente, quien la tarde del 23-F se labró la leyenda del hombre del maletín, estuvo en el Congreso dando cobertura a Tejero en nombre del Cesid y salió precipitadamente de España, vía Andorra, con un portafolios repleto de documentos. Un ex directivo del Cesid aseguró a EL MUNDO que el popular maletín del amigo de Calderón contenía los decretos leyes que tenía que aprobar el Gobierno de salvación nacional, que habría surgido tras el golpe. Según las fuentes consultadas por este periódico, Gómez Iglesias, cuando el golpe había fracasado, entregó a su compañero el maletín y le transmitió las órdenes de Cortina de que se fuera de España.

     ENLACE DE LA CIA 

     Sánchez Valiente, desde Andorra, viajó a Francia y, desde allí, a Italia. En Roma, fue asistido por el capitán Adolfo del Cacho, quien era la antena del Cesid en esa ciudad. Unos días después cruzó el charco y se instaló, primero, en Argentina y, más tarde, en el sur de Estados Unidos. El capitán regresó a España años después e ingresó en la cárcel por un delito de abandono de destino. Nunca fue procesado por su implicación en el golpe.

     Cuando Emilio Alonso Manglano se hizo cargo del Cesid, tras el 23-F, destituyó de forma fulminante a Del Cacho por sus veleidades con los golpistas. Pero, en lugar de un castigo, el agente Del Cacho, como luego sucedería con los ejemplos de Calderón y García Almenta, recibió un premio: la Casa Real lo nombró jefe de Seguridad del Príncipe Felipe. Sánchez Valiente, que estaba casado con una ciudadana americana, era el enlace de los servicios de información españoles con la CIA a través de un chicano que tenía como pantalla una empresa de Madrid. Gómez Iglesias, quien era el mejor agente de la AOME y a quien los guardias civiles de la Agrupación jamás se atreverían a contravenir una orden, era el enlace de Cortina con Tejero. Gracias a la labor de este guardia civil, Javier Calderón tenía información puntual de todo lo que se tejía entre bambalinas.

     El propio Gómez Iglesias fue un testigo de excepción cuando el teniente coronel golpista arengó a sus compañeros del Parque Automovilístico de la Guardia Civil, en la calle Príncipe de Vergara de Madrid, momentos antes de salir hacia el Congreso de los Diputados.

     Su presencia junto a Tejero sirvió para que los capitanes Jesús Muñecas y José Luis Abad se sumaran a la acción golpista de la tarde del 23-F. El mismo Tejero se refirió después a la importancia del protagonismo desempeñado por el capitán del Cesid: «Llegas a tiempo, Vicente [Gómez Iglesias], explícale a éstos que el Cesid está detrás de todo, que se trata de salvar a la peseta, a la Corona y al orden, y de acabar con el terrorismo».

     Jesús Palacios, en su libro El Golpe del Cesid, afirma que Cortina también estaba arropado por otros dos mandos de la Guardia Civil: el teniente José Ramón Pindado que, años después, fue condenado por el caso Ucifa y se vio envuelto en el caso Lucía Urigoitia, y Andrés Casinello Pérez, entonces jefe de los servicios de Información de la Guardia día Civil. Según Palacios, Pindado, que también estaba realizando un curso en la AOME, desplegó un grupo del Gossi en las inmediaciones del Congreso.

      La actitud del secretario general del Cesid, Javier Calderón, desde el primer momento, fue sospechosa. En la madrugada del 24-F ya sabía por boca del entonces capitán Diego Camacho, entonces agente de la AOME, que el general Alfonso Armada estaba implicado en la asonada militar porque se lo habían asegurado los propios guardias civiles que habían tomado el Congreso. Calderón, cuyo nombre de guerra era señor Colodrón, también supo por el agente Rubio Luengo, entonces destinado en la escuela del Cesid, que los integrantes de la SEA (Monge, Moya y Sales) habían coordinado hasta el Congreso la llegada de la columna de autobuses de Tejero. El propio Rubio había autorizado a Monge y Sales a que se llevaran de la escuela dos Seat-124 y a Moya, un Seat-127.

     Rubio Luengo consultó antes a Cortina y éste le autorizó a ceder el material a los progolpistas. Monge confesó a Rubio que era una misión de ayuda a Tejero que iba a asaltar el Congreso «por el bien de España».

Lo más sorprendente era que el mismo Cesid, que se había esforzado por desarticular la Operación Galaxia del teniente coronel Tejero y del capitán Ricardo Sáenz de Ynestrillas, ahora, se mostraba impotente para frenar la asonada del 23-F.

     A lo largo de 1980, el Centro había emprendido infinidad de iniciativas para vigilar a presuntos golpistas, con la intención de ofrecerles cobertura más que de reprimirles. Por ejemplo, agentes del servicio secreto grabaron y fotografiaron, el 18 de enero de 1981, la reunión de Tejero con Milans del Bosch, Torres Rojas, García Carrés, Iniesta Cano y Pedro Más Oliver. El encuentro, que todos ellos pretendían que fuera secreto, se celebró en el domicilio de Más Oliver, entonces teniente coronel ayudante de Milans del Bosch, en el número 15 de la calle general Cabrera de Madrid. Los asistentes, en un número que aún no se ha podido determinar, diseñaron la estrategia del golpe militar. Hablaron de tomar el Congreso y TVE.

     Tejero comentó que sus primeras preocupaciones eran la lucha antiterrorista, las autonomías y el marxismo.

     Incluso, el 2 de enero de 1980, la AOME elaboró la nota informativanúmero 1.267 con la clave Operación Revuelo-Amistad. En ella da cuenta de las intenciones de Licio Gelli, el jefe de la logia P-2 italiana, que quería extender su organización ultraderechista a España. Lanota del Cesid afirmaba: «Licio Gelli quiere cambiar puntos de vista de la situación española».

      La información de la visita a Madrid de Gelli la había facilitado el servicio de información italiano, Sismi. Según éste, Gelli estaba relacionado con miembros españoles de la red Gladio.

     Calderón, ante el asombro de los agentes demócratas del Cesid, no reaccionó cuando le informaron, en la madrugada del día 24, de que Armada estaba tras el golpe. Tampoco se inmutó cuando le advirtieron de la conducta de los agentes de la SEA, de Cortina y de García Almenta. Sólo se atrevió a abrir una investigación el 31 de marzo, pero con el principal objetivo de cubrir a los agentes golpistas.

     Calderón también tuvo conocimiento de las conversaciones que García Almenta había mantenido, la tarde del golpe, con el teniente coronel De Meer y Adolfo del Cacho, a quienes les contó el desarrollo de los acontecimientos. De Meer, quien estaba destinado en la Brigada Paracaidista (Bripac), ya era muy conocido en los cuarteles por su afán involucionista. Del Cacho era el mismo agente que recibía y ocultaba un día después a Sánchez Valiente en Roma. García Almenta se excusó diciendo que había confundido a De Meer con otro militar.

     Al agente Parra de la AOME le tocó vivir todo un calvario por contar la verdad. Según denunció a sus superiores, el cabo Monge dejó abandonado su automóvil oficial en la calle Fernanflor, cerca del Congreso, entre los autobuses utilizados por los hombres de Tejero. Por ello, recibió una reprimenda de García Almenta, quien le ordenó que regresara a retirarlo para no dejar pruebas.

     El propio Monge confesó a Parra que conocía las intenciones de Tejero desde una semana antes, ya que se lo había comunicado García Almenta.

     Era paradójico que, mientras unos agentes constitucionalistas se esforzaron por detener la conspiración militar, Cortina y su segundo en la AOME, García Almenta, se dedicaron el día 24 de febrero a recorrer todas las instalaciones del Cesid de Madrid (ParísJacaBerlín yRoma) para exculpar ante sus agentes al general Armada. La misma tarde del golpe Cortina se entrevistó en la sedeParís con García Almenta y Vicente Gómez Iglesias y, según Camacho, con Gil Sánchez Valiente, el hombre del maletín.
 
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