Cuando el Consell te deja en la calle

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Los impagos de la Generalitat a la empresa adjudicataria del mantenimiento del Centro de Tecnificación fuerzan a un trabajador a malvivir en un vehículo y a depender de la caridad – Otros seis empleados con 10 nóminas pendientes de cobro ven peligrar sus casas

Hasta hace dos días dormía en una de las colchonetas del Centro de Tecnificación, recientemente bautizado por la Generalitat como Pabellón Pedro Ferrándiz. Ahora se ve obligado a pasar las noches como puede en un coche que le prestan y que suele aparcar en las inmediaciones del que fue su lugar de trabajo hasta el martes. Come de lo que le dan en la cafetería del recinto deportivo en un acto de caridad.

Todavía le da vueltas a la cabeza cómo podrá subsistir a partir de ahora sin ingresos ni perspectivas de arreglar su situación mientras trata de asumir que le tocará vivir en la calle. Se trata de Jorge Martín, ahora ya extrabajador de la empresa Gestkal XXI, entidad que prestaba los servicios de limpieza, conserjería y mantenimiento del Centro de Tecnificación hasta hace un par de meses que acabó su labor como empresa subrogada por la Generalitat, propietaria del recinto.

El Consell dejó de pagar sin previo aviso en 2012 y comenzó el drama, afectando a la empresa a la que ha condenado al cierre y recayendo de pleno en los trabajadores. Por los impagos del gobierno valenciano, según Gestkal, la empresa se vio obligada a dejar a Jorge y a sus seis compañeros con diez nóminas pendientes que les han destrozado la vida. Los bancos les amenazan con sacarlos de sus casas y la situación de impotencia crece por momentos. Los trabajadores denunciaron a la empresa en el Juzgado pero todavía sin ningún resultado.

Parecía haber algo de luz cuando la Generalitat subcontrató a una nueva empresa–Limpiezas Raspeig– con la obligación de subrogar a estos siete trabajadores, de forma que pasarían a formar parte de esta nueva entidad. La sorpresa fue mayúscula cuando el gerente de la empresa los reunió a todos y les abrió la puerta a prestar sus servicios con ellos. Pero con una condición, deberían renunciar a los diez meses de nómina que les adeudaba Gestkal, ahora mismo en fase de liquidación. Ninguno de ellos estaba dispuesto a aceptar, puesto que el contrato era de un solo año de duración. Al final, la desesperación ha llevado a un trabajador a aceptar por miedo a perder su casa.

Cuando el Consell te deja en la calle

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