La realidad irreal alimenta la tristeza feliz

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Considerar que existe un mundo real y otro falso implica aceptar que hay también dos tipos de personas: las que saben la verdad y las que viven en la ignorancia. Las personas que conocen la verdad son las que tienen el poder. Suelen ser éstas las clases sociales dominantes, que controlan al resto de la sociedad. Así, junto a la idea de un mundo real y un mundo falso está el concepto de la lucha de clases, puesto que necesariamente tiene que haber una clase dominante y una clase dominada para que se mantenga el engaño del mundo falso.

Todos los autores que han reflexionado sobre la existencia de dos mundos han señalado hacia las clases dominantes como los principales responsables del mantenimiento de este status quo que tiene a gran parte de la sociedad en la ignorancia y en el engaño. Aun así, las clases dominadas también tienen gran parte de culpa, al no ser capaces de cuestionarse el sistema establecido y alcanzar la verdad.

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La Caverna de la que habla Platón es una representación de la sociedad. Aparecen unas personas, atadas de pies y manos, sentadas en la oscuridad de la cueva, observando unas sombras que se proyectan desde un lugar inalcanzable para la vista de estos individuos. Las sombras son lo único que ven, son lo único que conocen. Llevan toda su vida viviendo en esa situación, y para ellos el mundo real es el que ven en las sombras.

Estas personas maniatadas no saben que las sombras son simples representaciones distorsionadas de la realidad, y que son generadas por unos misteriosos personajes que se ocultan tras ellos. Desconocen que el mundo real no es el que están observando.

Platón consideraba que la sociedad vivía en la ignorancia, engañada por una serie de poderes (político, religioso, económico, mediático…) que manipulaban la realidad y engañaban a la población. En el Mito de la Caverna, el poder, las clases dominantes, están representadas por los  personajes que proyectan las sombras y que se ocultan tras las personas atadas.

Platón sabía que el camino hacia la verdad era complicado y estaba lleno de obstáculos, por eso la salida de la Caverna se presenta como una gruta escarpada y tortuosa. Escapar de la ignorancia no es fácil, pero en el Mito de la Caverna Platón guarda algo de optimismo y cuenta que algunas personas consiguen desatarse de las cuerdas y del engaño, y escapan de la cueva, llegando al verdadero mundo real.

Para salir de la Caverna no se precisa fuerza física, sino fuerza mental. Tras pasar varios años observando una realidad en forma de sombras, llega un momento en el que el individuo tiene que hacer un ejercicio de reflexión para conseguir su libertad. Pensar críticamente, cuestionándose el sistema establecido y sospechando de la información que recibimos.

INTERESANTE: “No hay que dejarse informar, hay que informarse”

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El moderno concepto de la desinformación ya puede verse en este ejemplo de la Caverna de Platón. Han pasado más de 2.300 años, pero los misteriosos personajes que proyectan sombras siguen existiendo. Hoy en día los conocemos como mass mediamedios de comunicación de masas. Seguimos viviendo en un mundo de sombras y engaños.

La manipulación de la información ha sido constante en todas las épocas de la Historia. Es una de las principales estrategias que ponen en marcha las clases dominantes para preservar su posición de poder. Junto a la desinformación, el sistema mediático moderno ha desarrollado otro tipo de formas de mantener en la ignorancia a la población, como por ejemplo la difusión de anti-información, un concepto que desarrollamos en el siguiente artículo.

De manera mucho más explícita que en el Mito de la Caverna, con la obra de Orwell se pone de manifiesto la necesaria lucha de clases que surge de una situación en la que conviven en el mismo espacio una clase dominante y una clase dominada. En la cueva de Platón la clase dominada (las personas maniatadas que observan las sombras) no se sentía en lucha con la clase dominante (los que proyectan las sombras), puesto que viven en una total ignorancia. En la obra de Orwell la población dominada es consciente de la situación que ocupan en la pirámide social, y si no actúan contra el sistema establecido, contra el poder, no es tanto por la ignorancia, sino por el profundo miedo que sienten. Un miedo que es un respeto hacia quien les domina. Un respeto que otorga legitimidad al gobernante.

George Orwell trató la temática de la lucha de clases en otro libro, el famoso Rebelión en la granjaEn el discurso que abre la acción de la obra, se describe perfectamente la situación de enfrentamiento constante entre las clases dominantes y las clases dominadas. Viejo Mayor, el cerdo más respetado de toda la granja, recuerda a los demás compañeros: “Nunca hagáis caso cuando os digan que los hombres y los animales tienen intereses comunes, que la prosperidad de unos es también la de los otros. Son mentiras. Los hombres no sirven los intereses de ningún ser exceptuando los suyos propios”. Es un mensaje muy claro: la clase dominante es necesariamente enemiga del resto de la sociedad.

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La filosofía de Matrix

En la saga de películas Matrix la idea de que el mundo en el que vivimos es engañoso y falso se lleva al extremo. La primera película, The Matrix (hermanos Wachowski, 1999) introduce el planteamiento de la trama: la sociedad está viviendo en un mundo irreal, que es en realidad un programa informático llamado Matrix. Este programa informático reproduce el mundo tal y como era antes de la guerra que hubo entre humanos y máquinas. La acción de Matrix transcurre en el año 2199, y se explica que a comienzos del S.XXI el avanzado desarrollo tecnológico de las sociedades derivó en la creación de una potente inteligencia artificial (I.A) que controlaba el funcionamiento de la vida. Se puede decir que todo comenzó el momento en el que los seres humanos delegaron todas las tareas y funciones a las máquinas. Con el máximo desarrollo de la robótica y la informática, los seres humanos no sólo habían creado un gran aliado para hacer la vida más cómoda, sino también un potencial enemigo. Morfeo explica que “no sabemos quién atacó primero, si nosotros o ellos”, pero el resultado final es que la guerra hizo inhabitable la superficie terrestre y contaminó la atmósfera. En el tiempo en el que transcurre la trama de Matrix, la verdadera población humana vive en un mundo subterráneo, y las máquinas controlan el resto del planeta.

Hablamos de “la verdadera población humana” porque en las películas de Matrix conocemos también a otro tipo de población: la que vive en el falso mundo real. Esta es la población sometida por las máquinas y que, aunque está físicamente en la Tierra, en el mundo real, vive conectada al programa informático Matrix. Existen campos kilométricos donde los seres humanos son almacenados, en una especie de burbujas, conectados con cables a Matrix. Su cuerpo está en el mundo real, pero su mente vive en un mundo falso. En palabras de Morfeo, Matrix es una “simulación interactiva neural”, una falsa realidad en la que las personas viven. Quizás es la parte más difícil de creer de la película (lo de que las máquinas cultivan a los seres humanos en grandes campos), pero aunque sea muy retorcido pensar si ese futuro es o no posible, lo importante es quedarse con la idea principal: la población vive en un mundo físico falso que es una prisión para la mente.

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Podemos entender Matrix como una versión moderna de la Caverna de Platón. La gente no está atada con cuerdas, sino manipulada por complejas señales eléctricas y programas informáticos. En un gran discurso de Morfeo, se cuestiona la veracidad de la realidad de la siguiente manera: “¿Qué es real? ¿cómo definirías lo real? Si te refieres a lo que puedes sentir, a lo que puedes oler, a lo que puedes saborear y ver, lo real podrían ser señales eléctricas interpretadas por tu cerebro.”

La población que vive mentalmente en Matrix no tiene porqué dudar de que el mundo es falso, pues viven de manera normal: caminan, comen, tienen un trabajo, pagan impuestos, van de compras… En principio son personas libres, aunque en realidad no lo son. Y este es el gran mensaje de la película, que la libertad en la que creemos vivir no existe. Somos prisioneros de un sistema socioeconómico y político. Morfeo le explica a Neo, el protagonista de la saga, que en realidad vive en ”un mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad: eres un esclavo.”

En esta frase, Morfeo apunta deliberadamente a que alguien ha creado este engaño, alguien está manipulando la realidad. Siguiendo con la argumentación que hemos mantenido cuando hablábamos de Platón o de Orwell, en este caso Morfeo se está refiriendo a que existe una clase dominante, que tiene el poder sobre la clase dominada. Los que proyectan las sombras en la Caverna, los miembros del partido INGSOC en Oceanía, en Matrix son las máquinas, los robots que han creado un mundo artificial para engañar a los humanos. En todos los ejemplos que hablan de dos mundos encontramos también dos clases sociales: los poderosos y los sometidos.

“Matrix es un sistema. Ese sistema es nuestro enemigo. Pero cuando entras, ¿qué ves a tu alrededor? Hombres de negocios, profesores, abogados, carpinteros… Son las mentes de los mismos que intentamos salvar. Pero hasta que no lo hagamos, siguen formando parte de ese sistema, y eso hace que sean nuestros enemigos. La mayoría de ellos no están preparados para ser desactivados, y muchos están tan habituados, dependen tanto del sistema, que lucharían para protegerlo.”

En la película Matrix Reloaded (hermanos Wachowski, 2003), en un interesante diálogo entre Neo y “el Arquitecto”, éste último, creador del mundo artificial Matrix, dice que casi el 99% de los individuos acepta el programa (es decir, la falsa realidad de Matrix) siempre que se les de la capacidad de elegir en cierta medida sus destinos como personas. Aun así, aunque la gran mayoría de la población acepta vivir sin conocer la verdad, el Arquitecto reconoce que se han tenido que realizar hasta seis versiones de Matrix, debido a que siempre aparecía una anomalía, una minoría consciente que rechazaba el programa Matrix (el sistema establecido). Si no se controla a estos movimientos anti-sistema, según el Arquitecto, se corre el riesgo de sufrir una revolución social a nivel general contra Matrix.

Es una reflexión muy profunda por parte de los hermanos Wachowski, que intenta decir que, en cualquier sistema opresor (sea la Caverna de Platón, la Oceanía de 1984 o el mundo de Matrix), siempre acaba apareciendo, pasado un tiempo, una minoría que se cuestiona el sistema establecido.

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En El Show de Truman se nos presentan de forma muy clara los dos mundos de los que hablaba Platón. Existe un falso mundo real, la ciudad de Seahaven (donde vive Truman), y el verdadero mundo real, donde vive la población que ve el show. La película no tarda mucho en desvelar el punto central de la trama: Truman no sabe que vive en un set de televisión, que las casas, las calles, los coches y los árboles son falsos (no es el mundo real), y que las personas que le rodean son actores. El estado de manipulación en el que vive Truman es bastante evidente, puesto que vive preso en un escenario, aunque también es interesante considerar a los espectadores que viven en el mundo real como individuos esclavizados y en cierta manera manipulados. Esta reflexión se aborda de manera más profunda en el siguiente artículo.

Llegados a este momento, habría que preguntarse: ¿la gente quiere saber la verdad? ¿hasta que punto estamos dispuestos a romper con el sistema social, económico y político en el que vivimos? Sin duda, como se dice en Matrix, “la ignorancia es la felicidad”, y ¿qué es más importante, ser libre o ser feliz?
Por qué tarda un tiempo en darse esta anomalía en cualquier sistema? ¿Por qué no es inmediato el rechazo a un sistema opresor y manipulador? La explicación está en la mejor frase de la película El Show de Truman.Christof, el creador y director del show, al ser preguntado porqué Truman nunca se ha planteado la naturaleza del mundo en el que vive, responde: “Aceptamos la realidad tal y como nos la presentan”. Una sencilla frase que recoge una gran carga filosófica y sociológica.

En El Show de Truman, el sistema, la clase dominante, viene representada por Christof, el creador y director del programa de televisión. No es casualidad que se llame Christof y que sea “el Creador” del show, ni que el centro de operaciones esté en el cielo de Seahaven. Todo son guiños para presentarlo como un dios, omnipresente, que controla todo lo que ocurre en el mundo.

Como los hombres de la Caverna de Platón, Truman está atado a la realidad en la que vive. Entre las cuerdas que le atan, podemos identificar las dos estrategias que usa el poder para controlar a la población: infundir miedo y manipular la información. En la película a Truman le es imposible escapar de Seahaven por el miedo que le tiene al agua. De la misma manera, la desinformación y la manipulación también tratan de mantenerlo atado, con estrategias grotescas que en la película pretenden representar las técnicas de la manipulación informativa que padecemos en el mundo real.

Incluso cuando es un niño, Truman recibe mensajes del sistema. Su padre le dice: “Tienes que aprender a conocer tus propias limitaciones”. Un claro mensaje a la inacción, a la pasividad. Un mensaje que intenta anular cualquier intención de lucha o de cuestionamiento del sistema. En la película, esta frase es una buena crítica al sistema educativo y a la formación que reciben los niños. Educados para no pensar, para no luchar. Educados para conocer los límites y aceptar el sistema.

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¿Libertad para qué?

Alejándonos del optimismo con el que hemos concluido la reflexión sobre El Show de Truman, es interesante profundizar en un aspecto ineludible: “Casi un 99% de los individuos aceptan el programa”. En la obra de Platón, la mayoría de las personas atrapadas en la Caverna rechazaron salir al exterior cuando los hombres libres volvieron a rescatarlas. En el mundo de Matrix, algunos prefieren seguir conectados al programa informático y vivir en el mundo falso, degustando sabores artificiales.

Llegados a este momento, habría que preguntarse: ¿la gente quiere saber la verdad? ¿hasta que punto estamos dispuestos a romper con el sistema social, económico y político en el que vivimos? Sin duda, como se dice en Matrix, “la ignorancia es la felicidad”, y ¿qué es más importante, ser libre o ser feliz?

En la sociedad occidental actual la mayoría de la población vive feliz. A partir la segunda mitad del S.XX proliferaron los barrios residenciales, de casas con jardín, donde las clases medias podían vivir tranquilamente y tener uno o dos coches. El estado de bienestar, la libertad económica, el auge del consumo… poco a poco la población se ha asentado en un mundo artificial realmente cómodo. Hoy en día encontramos muchos Seahaven, muchos Matrix y muchas Cavernas. Una parte importante de la población actual vive en burbujas, alejados del verdadero mundo real.

Una familia de clase media que viva en una ciudad occidental en el año 2014, y cuya principal preocupación sea el pago de sus deudas y el consumo en masa, estará viviendo una vida muy parecida a la de Neo enMatrix o Truman en Seahaven. Hoy en día el sistema favorece la vida en una burbuja. Una burbuja que no sólo es mental (la percepción de que lo real es únicamente lo que se observa), sino que es también física (tiene su plasmación en el espacio). Una de las mejores imágenes para visualizar las burbujas, o las Cavernas de Platón, que existen en la actualidad son las urbanizaciones privadas o los condominios cerrados.

Es en este tipo de espacios urbanos es donde mejor se evidencia la existencia de dos mundos. El verdadero mundo real suele coincidir con el exterior de la urbanización privada, y es en el interior de estos espacios donde observamos los elementos que hemos analizado y que caracterizan el falso mundo real: el engaño, el miedo o la pasividad. La población que vive en condominios cerrados está protegida por muros, cámaras y seguridad privada, un claro ejemplo del miedo que existe hacia el exterior. Además de eso, es una población que no conoce la realidad, puesto que vive en un espacio cerrado, y sólo sale de esa burbuja para ir al trabajo. Cuando tienen que abandonar su hogar, su mundo, no lo hacen “bajando al mundo real” (no cogen el transporte público, no caminan por la calle), sino que utilizan su transporte privado y llegan directamente a su lugar de trabajo. Es decir, realmente es una población que no tiene contacto con el mundo real. Una pregunta interesante sería: ¿tienen algún interés en conocer el verdadero mundo real?

¿Libertad para qué? ¿qué ganamos siendo libres? ¿acaso no es mejor vivir en una burbuja, presos de una realidad artificial que nos distrae y nos da placer? ¿es mejor conocer la verdad, luchar por la libertad, y cargar con el peso de una mente consciente? ¿no es más sencillo sentarse en el sofá y ver la televisión?

El sistema ha triunfado. Porque ha llegado el momento en el que incluso esa minoría crítica ha entendido que la recompensa de la libertad de pensamiento no vale la pena frente la cadena perpetua de la dulce ignorancia. Así, todos vivimos en el mismo sistema. Sabemos que existe otro mundo, que el nuestro es injusto, pero estamos demasiado distraídos como para hacer nada.

Terminamos la reflexión como termina la película El Show de Truman, con una frase que retrata a la sociedad actual. Después de que el show finalice, con Truman triunfando y abandonando sus cadenas, como un símbolo de lo que debiera hacer toda persona, los espectadores se quedan mirando el televisor. Y no hacen ninguna reflexión. Sólo alcanzan a decir: “¿Qué ponen ahora?”

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… con todo mi amor a mi hermano Mariano …

La realidad irreal alimenta la tristeza feliz

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