Mi puta vida

La vida de la puta o la puta de la vida

apalabrado

soraya

Cuando la razón resbala en la realidad, cuando la verdad se desliga de las palabras, cuando el argumento huye del decoro, entonces, en esos instantes, el exabrupto sortea los límites de la comunicación y se hace dueño de las lenguas. Adornar un discurso con zafiedad viene a ser como sustituir óleos y acuarelas por Titanlux, permutar el pincel por el rodillo y convertir el lienzo en campo de batalla. Una putada para el arte del diálogo y una salida hacia la indignidad social.

La interjección o el epíteto pueden responder a funciones nada académicas como el desahogo y el consuelo, definen los estados de ánimo de quienes los emplean y ofrecen información complementaria más allá del lenguaje. Agotados los recursos racionales para explicar lo inexplicable, la Vicepresidenta de la nación se descuelga en sede parlamentaria con que “en mi puta vida he cobrado sobresueldos”, subrayando su vida con el…

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