Burocracia, previo pago. Morirse es caro para algunos

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Ana tiene 77 años. Se acaba de quedar viuda tras 54 años de matrimonio. Ha trabajado desde que era una niña sirviendo y luego ya en Catalunya en las fábricas textiles de la ciudad donde se quedó a vivir y donde ha dado luz a sus hijos y enterrado a sus muertos.

Ana tenía ayer una cita con la Seguridad Social. No podía entender por qué trabajando y siendo siempre absolutamente legal y honesta le quitaban parte de su pensión al concederle la pensión de viudedad. Tanto ella como su marido cobraban la pensión mínima: 600 euros cada uno. Ahora a ella le queda un 52% de la pensión de su difunto marido, que se suma a su pensión.

 

A su verdadera pensión que apenas llega a los 300 euros, y el estado le complementaba hasta llegar a los 600 euros. Ahora como ya los consigue con la viudedad, pues se lo han quitado. Lógico, dirán muchos. No podemos mantener el sistema de pensiones, el envejecimiento, la pirámide poblacional etc, etc…  Pero a Ana le indigna y entristece que tanto esfuerzo y tanto trabajo acaben en eso: en una miseria. Ella no quiere nada más que lo que cree que merece tras una vida de trabajo haciendo las cosas rectas y bien.

Por la tarde, Ana, que hace un mes perdió a su compañero de lucha y de vida, va al abogado. También lo tienen, por suerte, todo atado y bien atado. Insisto que siempre Ana ha hecho las cosas impecablemente bien. La orientación legal le entra en la póliza de “los muertos” que ha pagado religiosamente toda la vida. Pero a partir del apretón de manos y el esquema que le dibuja el joven ya no entra nada. Ese esquema es una máquina demoledora de sacar dinero de algo tan inevitable como es la muerte. No te puedes escapar. Tan solo tienen un piso y una plaza de garaje, todo pagado, todo limpio. El esquema es el siguiente, ya verán que ni el Sheriff de Nottingham…

Se obtiene el certificado de últimas voluntades, se tiene que ir al notario a hacer la aceptación de la herencia y eso ya es pasta. Si no llevas al banco o caja esa aceptación de herencia no puedes tocar la mitad del dinero que tengas en cuentas conjuntas con el fallecido. O sea que es impepinable hacerlo así. La siguiente parada del cortejo fúnebre es la Generalitat donde pagas el impuesto de sucesiones (como es viuda y es la vivienda habitual dicen que no será mucho, ¡oh gracias!). Siguiente parada del via crucis: ayuntamiento para las plusvalías de las propiedades (una vez más perdonan la vida porque es donde vive, etc. etc.) y ya luego se va al registro de la propiedad a cambiar la titularidad de las escrituras. Total, que la broma suma una provisión de fondos de 1.900 euros. Y es barato, oigan, nos advierten, porque incluye los notarios, el abogado, las gestiones…  Ana no levanta la cabeza de la mesa de reuniones. Hace 3 días su marido hubiese cumplido 80 años. Finalmente alza la mirada y mira al joven y le dice si las cosas se tienen que hacer así, adelante.  Ella siempre fue así, recta, legal, limpia, directa. Aunque eso suponga una vergüenza como esta, como todo lo que está viviendo ahora en su vejez tras una vida entera con esa filosofía que ha transmitido a sus hijos.

Claro si pongo al lado del escándalo de las pensiones de los Eurodiputados  y las SICAV este caso de Ana y de tantos millones de personas, me dirán demagoga y populista. No lo haré, que cada uno recuerde a la Ana que tiene cerca y a esa luz y sabiduría que desprenden. Y que se sitúen donde su decencia les indique

Burocracia, previo pago. Morirse es caro para algunos

Lourdes Lancho
Periodista

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