Reflexiones por qué no soy anarco-capitalista, por Luis Eduardo Mella

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Si bien puedo estar de acuerdo con la idea de que el mercado libre forma parte integral de cualquier sociedad libre, no puedo estar de acuerdo con el reductivismo que presenta la teoría política de los anarco-capitalistas. El principio de no agresión (principio que forma parte del sistema metaético del anarco-capitalismo, que está formulado bien en el libro de Murray Rothbard, Ética de la libertad)[1] el cual ellos lo toman como axioma (el cual si fuese un axioma estuviese expresado en un lenguaje puramente formal y libre de juicios de valores, y la neutralidad valorativa es un una imposibilidad en ciencias, mucho menos en ciencias jurídicas ya que toda descripción de hechos en un sistema jurídico presupone la valoración de una prescripción para analizarlos, por lo tanto es epistemológicamente imposible, dado lo dicho Karl Popper y toda la filosofía de la ciencia post-popperiana[2], de hecho podría atreverme a decir que pese a Mises enfatizar en el libre juicio de valores su sistema, la praxeología, presupone un sistema epistemológico que ayuda a comprender la acción humana, por ende a descubrir los presupuestos que posibilitan el conocimiento intersubjetivamente válido, como sugiere Josema C España con su propuesta de la praxeología transcendental como paradigma de filosofía primera, para los que desconocen esta propuesta ver este vídeo[3]) y de ser un axioma, las proposiciones que se derivan serían meramente tautológicas[4] y no implicaría una teoría que comprenda la acción humana desde un ámbito jurídico.

El problema más grave radica en que es el PNA (Principio de No Agresión) es un principio jurídico que solo puede surgir a la luz de un sistema de meta normas jurídicas que a su vez nacen en un conjunto de instituciones jurídicas. El problema con el anarco capitalismo es que niega la validez de dichas instituciones que posibilitan el mercado creyendo que desde el mercado pueden generarlas pero se ampara en la validez de dichas meta normas que solo surgen en dichas instituciones, siendo las jurídicas previas lógicamente e históricamente al mercado, ya que sin ellas no se puede garantizar derechos individuales de manera efectiva. El anarco capitalismo tiene una visión materialista del fenómeno jurídico algo similar al marxismo. Y lo económico no prevale entre lo social, todos los aspectos sociales, la cultura, lo jurídico, lo económico se entremezclan como un todo a través de la intersubjetividad y/o relaciones interpersonales y pautas de conducta que las instituciones sociales nos brindan, la economía NO PUEDE en última instancia determinar ni lo jurídico, ni mucho menos todo el marco social porque estaríamos ante un caso de una sociedad atomizada, un individualismo atomizado que no difiere de las aporías del colectivismo ontológico que desprende de las tesis materialistas de Marx.

De hecho, si la NAP fuese propia o mejor dicho, fuese únicamente determinada por el mercado, dentro del no hubiesen conflictos interpersonales entre recursos escasos cuando los mecanismos de mercado mismos no resuelven los problemas y esto es imposible ya que la antropología filosófica que está detrás de ese actor en el mercado es la de un actor sin libre albedrío, es decir, una concepción determinista -y pese a que Hayek y Mises se dedicaron a criticar a la escuela neoclásica por sus supuestos teóricos irreales y deterministas el anarco-capitalismo cae desde una fundamentación similar en ellos- del ser humano. Por lo tanto esto esta ambigüedad presupone un límite jurídico al mercado, o mejor dicho, un límite político o institucional. Es decir que sin un sistema jurídico el mercado deja de ser mercado y pasa a la guerra y a la inestabilidad social con mucha facilidad, porque desde el mercado se cree que se puede “planificar” las demás instituciones que son de índole espontáneas, lo cual es muy diferente a que el mercado ayude a garantizar la espontaneidad de dichas instituciones que le rodean o a complementarlas que a que estás tengan su génesis en él.

Por lo tanto, no se puede apelar la bondad del mercado solamente -y debo de reconocerlo siendo yo pro-mercado libre- de hecho, uno de los abuelos intelectuales de la Escuela .Austriaca, dígase Adam Smith, hablaba de la mano invisible, pero muchos no entendieron la metáfora y es que Smith hablaba de que dado un ordenamiento institucional en el cual se respete los derechos de propiedad de todos (límite jurídico), en donde el haya garantías para los individuos (límite político, jurídico e incluso ético), o sea, en un arreglo institucional donde NO EXISTAN PRIVILEGIOS[5], la acción que persigue fines individuales puede coordinarse con el bien común. De hecho, Smith superó el dilema colectivismo/individualismo tiempo atrás y solo Hayek se dio cuenta (el problema es que para muchos de izquierda Hayek es un individualista atomista cuando este bebe de (aparte de la escuela escocesa) Edmund Burke, un hombre que hablaba de tradiciones sociales en competencia, y sin todas esas instituciones espontáneas, no hay individuo, es decir, sin relaciones intersubjetivas, sin lenguaje, sin tradición, sin cultura, el individuo no existe. Solo unos cuantos atrevidos como Theodore Burzak han dialogado con Hayek (Socialism After Hayek) desde el marxismo o por ejemplo el filósofo libertario Chris Matthew Sciabarra (Marx, Hayek and Utopia), es decir, hay estratos de la escuela austriaca que están en mayor nivel de diálogo -hay otros- entre otras ideologías y paradigmas. Cosa que no la veo con tanto ímpetu en el anarco-capitalismo de corte rothbardiano (salvo la excepción los que proponen una filosofía primera basada en la pragmática transcendental de Otto-Apel y la praxeología de Mises, la praxeología transcendental que viene de la mano de Andrés Casas Soto y Josema C España aunque el primero no se considere ni rothbardiano ni anarco-capitalista)

Otra cosa es la pretensión de universalidad de la NAP para resolver conflictos, de ser un principio “absoluto” sin consideración con lo social o lo histórico y no un principio que permite describir fenoménicamente la acción para deducir sus implicaciones en un sistema de normas jurídicas, pero no hay tal cosa como un solo principio jurídico que lo determine todo, por eso la NAP es insuficiente. Debe de estar en igualdad de condiciones que otros principios del derecho, como el de buena fe, el de legalidad, y otros más. Principios absolutos no tienen límites jurídicos y por ende su aplicación en la ley tiene como resultado injusticias en ciertos casos. De hecho, es imposible probar desde la misma NAP la validez del mismo como principio si no es a la luz de otros principios, como bien sugiere Robert Alexy, en su obra Teoría de los Derechos Fundamentales[6]

Puedo estar de acuerdo (algunas por completo, en algunas hasta cierto punto) con las criticas económicas al intervencionismo y todo el buen tratado económico de Rothbard y otros trabajos aislados de sus discípulos, y que intento un sistema ético y jurídico además de que erudio para eso, pero no podemos hacernos de la vista gorda de sus errores Esto no quiere decir que podamos hacer una defensa anarquista del mercado libre o que no podamos, desde la anarquía resolver el problema tratado por Nozick en Anarchy, State and Utopia que no es más que el problema que he estado describiendo aquí, los límites políticos, jurídicos y éticos del mercado como proceso social (y por eso creo que Rothbard ni sus discípulos resuelven el problema planteado por Nozick). Y que tampoco no haya diálogo con el liberalismo clásico sobre este tema.

Reflexiones por qué no soy anarco-capitalista, por Luis Eduardo Mella

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