Un artículo de Esteban de Manuel Jerez, coportavoz de Ganemos Sevilla, miembro de Equo y profesor de la ETSA de Sevilla.

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Los dos grandes problemas sociales de Sevilla están vinculados entre sí: el paro y la vivienda. Y las políticas municipales de las últimas décadas se han mostrado ineficaces para resolver ambos. Vamos a analizar qué ha fallado y qué podemos hacer para resolver el problema, dando giro a la situación pese al contexto económico tan difícil marcado por la Ley 27/2013 de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local aprobada por el gobierno del Partido Popular.

La política de vivienda municipal, como la andaluza (2000-2012) y la estatal, ha sido en la práctica un apartado principal de la política económica más que una política social. Su finalidad ha sido proveer de materia prima (suelos, herramientas jurídicas, fiscales y financieras) a la industria inmobiliaria porque estaba firmemente arraigada la idea de que “todo lo que se construye se vende”. España se especializó en la industria inmobiliaria y los ayuntamientos han sido los principales actores públicos aprobando planes para proveer de suelo a esa industria. Así se han financiado los ayuntamientos: con los ingresos de los convenios urbanísticos y las licencias de obras subsiguientes. Y así se ha alimentado, de paso, la corrupción urbanística en España.

En 1999 el gobierno de Sevilla decidió que había que hacer un nuevo Plan General de Ordenación Urbana porque se había agotado la capacidad de producir nuevo suelo que demandaba el sector inmobiliario. En aquél año Sevilla contaba con 40.000 viviendas vacías y suelo urbano calificado para construir 20.000 viviendas más, por lo que el argumento era más que cuestionable. El nuevo plan sumó suelo urbanizable para construir otras 50.000 viviendas adicionales, la mayor parte de las cuales sobre suelo agrícola productivo, recurso estratégico necesario para garantizar nuestra soberanía alimentaria. Se preveía un crecimiento de más de 183.000 nuevos habitantes como justificación para este plan. Pues bien, dieciséis años después, el resultado es que tenemos menos habitantes que entonces y tenemos más viviendas vacías. Pese a que no se ha construido lo previsto, hoy tenemos 48.223 viviendas vacías sobre un total de 337.225. Esto representa el 14.3% del total, la tasa más alta de las grandes ciudades españolas, muy alejado del límite del 5% habitual en Europa. Al mismo tiempo tenemos una demanda insatisfecha de vivienda de 12.300 personas, las inscritas en el registro municipal. Esa es la ecuación a resolver: tenemos vacías las viviendas que necesita la gente para vivir y tenemos que dar con la fórmula para gestionarlas. Es evidente que tenemos un problema de ajuste entre demanda y oferta de vivienda, que ni el mercado ni el sector público han sabido ni querido resolver.

El gobierno municipal presidido por Zoido no ha hecho nada por frenar el drama de los desahucios y mantiene 330 viviendas públicas vacías que podrían y deberían estar gestionadas en alquiler social para atender las situaciones más urgentes. Y no ha hecho lo que estaba en su mano para tener una política de vivienda orientada a atajar la situación de emergencia habitacional que vivimos: elaborar un Plan Municipal de Vivienda y Suelo.

El giro copernicano de enfoque que proponemos para la política municipal de vivienda se apoya en una triple apuesta: Dar prioridad a la gestión de las viviendas vacías, a la rehabilitación ecoeficiente de las viviendas existentes y a cooperativizar la gestión de la vivienda y de la rehabilitación de los barrios. Esa debería ser la nueva misión de EMVISESA, innovando alianzas con la economía cooperativa sin ánimo de lucro, así como con las empresas de servicios de vivienda, de energía, de agua y de accesibilidad. El marco para este giro es la elaboración participativa del Plan Municipal de Vivienda y Suelo. Dicho plan empezará con un diagnóstico preciso tanto de las viviendas vacías a gestionar como de la demanda de vivienda, en toda su diversidad de perfiles y situaciones. Necesitamos saber exactamente dónde se encuentran las viviendas vacías y de quién son si queremos centrar la política de vivienda en activarlas y ponerlas en uso. Con voluntad política tenemos herramientas suficientes para hacerlo. Es posible incentivar la puesta en uso de viviendas vacías y penalizar las que no cumplan su función social. Y tenemos que conocer y organizar la demanda de viviendas, iniciando la transición desde la cultura de la propiedad a la del alquiler y la cesión de uso: lo importante es disfrutar de forma segura del uso de una vivienda, no ser propietario de la misma (y menos con hipotecas a largo plazo).

La cooperación público-privada, a través de las inmobiliarias sociales sin ánimo de lucro, siguiendo el modelo holandés de las Housing Asociation, es una fórmula de éxito para intermediar entre propietarios de vivienda y demandantes de vivienda. El impulso de las cooperativas de viviendas en cesión de uso y en alquiler, siguiendo el modelo nórdico y uruguayo, son la vía que permite fortalecer y empoderar a la sociedad demandante de vivienda, haciéndola partícipe de la gestión y solución de su problema. El fomento de la organización de los demandantes de vivienda, reconociendo el papel clave que viene desempeñando el movimiento por la vivienda en Andalucía para conseguir dicho objetivo, es clave para centrar la política de vivienda en el cumplimiento del derecho y defender los intereses de los inquilinos y propietarios hipotecados frente a la administración y los bancos. La creación de un Observatorio Municipal de la Vivienda es fundamental.

Resolver el problema de la vivienda y de la rehabilitación de nuestros barrios es una oportunidad para reactivar la economía, haciendo que la construcción juegue de nuevo un papel relevante en la creación de empleo, no creando más viviendas vacías, sino haciendo más habitables y accesibles las que ya tenemos. La Ley de Rehabilitación, Regeneración y Renovación Urbana, a nivel estatal, y el programa de Rehabilitación Urbana Sostenible (REUSO) de la Junta de Andalucía serán el marco para desarrollar esta gran apuesta. EMVISESA tiene que jugar un papel de liderazgo en este propósito aprovechando su experiencia de gestión y reorientando sus fines.

Un artículo de Esteban de Manuel Jerez, coportavoz de Ganemos Sevilla, miembro de Equo y profesor de la ETSA de Sevilla.

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