El nuevo Rey Felipe VI necesita su propio 23F para consolidar su reinado

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Los principales grupos políticos y medios de comunicación dan por sentado que en la próxima legislatura se producirá una reforma profunda de la Constitución de 1978. PP, PSOE, CIUDADANOS, PODEMOS e IZQUIERDA UNIDA ya han adelantado sus propuestas de reforma constitucional. Mientras tanto la comunidad política afectada, a los que la propia constitución denomina ciudadanos españoles y, lo que es más grave, la clase obrera en el territorio del Estado español nos encontramos ausentes del debate reformista, como si la cosa no fuera con nosotros y nosotras.

La Constitución del 78, al igual que todas las constituciones de los Estados nación contemporáneos, no son más que el reflejo del consenso entre las élites que detentan el poder (económico, mediático, político, militar…), y la comunidad política sobre la que lo ejercen para mantenerse en el poder.

En aquel momento contaban legalmente con las fuerzas del régimen, divididas entre conservadores (Alianza Popular) y liberales (Unión de Centro Democrático). Pero al no representar, o lo que es lo mismo, al no verse representada la inmensa mayoría de la comunidad política con esas fuerzas mientras soportaban las consecuencias de la crisis del petróleo iniciada en 1973, legalizaron un Partido Socialista Obrero Español alejado ya de lo que ellos entendían por marxismo y dispuestos a pactar incluso la formación de gobiernos pre constitucionales y a un Partido Comunista de España que hacía tiempo que abandonó la reivindicación por la vuelta a la legalidad democrática del 36 y abogaba por la reconciliación y la corresponsabilidad para salir de la crisis.

Hoy, las viejas fuerzas políticas del régimen constitucional, Partido Popular,  Partido Socialista Obrero Español e Izquierda Unida, en unión a dos nuevas fuerzas políticas, fabricadas o permitidas y modeladas por el régimen, Ciudadanos y Podemos, se preparan para un nuevo pacto. El objetivo de las  nuevas fuerzas políticas es el de recoger el descontento de la comunidad política provocado por la crisis financiera iniciada en 2008, y obtener una representación política renovada en unas Cortes Generales diversas y no bipartidistas. Un nuevo consenso que permita mantener el orden político y la paz social necesaria para que la acumulación de capital de las élites no se vea comprometida durante otros 30 o 40 años.

Es lógico suponer los objetivos de las élites en el presente proceso de reforma constitucional. Éstos pueden consistir en constitucionalizar los recortes y retrocesos democráticos que se iniciaron desde justo cuando comenzó lo que se llama la Transición, recortes y retrocesos que se han acelerado durante la última crisis, y constitucionalizar los cambios estructurales necesarios para adecuar las Instituciones del Estado a la nueva dependencia española al Estado nación alemán.

Los objetivos de reforma constitucional que se marcan las agrupaciones electorales que formarán la voluntad mayoritaria de la “nación española” se pueden obtener por internet. Ninguna de estas agrupaciones (PP, PSOE, CIUDADANOS, PODEMOS e IZQUIERDA UNIDA), se plantean hacer frente a los objetivos de las élites.

Ninguna propuesta para salir de la Unión Europea, ninguna propuesta creíble de salida de la OTAN, ninguna propuesta de derogación seria de todas las reformas laborales desde la transición hasta hoy que han venido precarizando y empobreciendo a los trabajadores y trabajadoras para mantener el crecimiento económico. Ninguna propuesta serian para derogar, al menos, las reformas laborales realizadas desde el inicio de ésta última crisis (también las del Zapatero) y que han dado muerte definitiva a la negociación colectiva y a la fuerza institucional de los trabajadores y trabajadoras.

Por todo esto no les interesa que la gente común participe del debate. Solo les importamos para que les votemos y votemos lo que acuerden entre ellos. A pesar de lo que nos jugamos que consiste en olvidarnos para siempre de trabajar para vivir y comenzar a vivir para el trabajo. Hambrientos y dispuestos a cualquier puesto de trabajo a cualquier precio y creyendo vivir en democracia porque se vota, pero soportando los desmanes dictatoriales que provocan las ansias de acumulación de riqueza por parte de las élites.

La corrupción generalizada, las maniobras militares, la “desconexión” de Catalunya, la Troika, la Merkel, las guerras televisadas, el terrorismo que la avaricia de las élites provoca, la salida de la crisis… son el ruido de fondo que explotan quienes gobiernan y quienes pretenden gobernar para tenernos entretenidos y evitar la participación directa de la ciudadanía de a pié y de los trabajadores y trabajadoras en el debate constituyente. No les interesa a ninguno de ellos y a las élites menos aún, que lleguemos a vislumbrar el verdadero trasfondo de la reforma constitucional: la constitucionalización de las reformas que han permitido convertir la deuda privada del sector financiero en deuda pública y el sometimiento de las Instituciones del Estado a los dictámenes de los intereses nacionales de Alemania.

Y por último pero no por ello menos grave, el anclaje del estado autonómico bajo el disfraz federalista, imposibilitando hacer país con la voluntad de los pueblos y naciones que hasta ahora han formado parte, de buena gana o a la fuerza, del Estado nación español, imposibilitarán el ejercicio más elemental del derecho a decidir de los pueblos sobre sí mismos para seguir extrayendo de ellos sus riquezas, fuerza de trabajo e ilusiones para beneficio de las élites que verdaderamente nos gobiernan.

No debemos olvidar que también tenemos un nuevo rey. Felipe VI necesita su propio 23 F que pudiera ser la sanción de una nueva constitución que suponga una victoria del Estado sobre el proceso independentista catalán.

Todo está preparado para un nuevo proceso constituyente del Estado español disfrazado de reforma constitucional pero, donde además de todo lo expuesto, debemos tener en cuenta que la correlación de fuerzas actuales es muy diferente a la de los años 70 del siglo XX. Hoy no existen comunistas dirigiendo el movimiento obrero, ni el vecinal, ni el estudiantil. Y la clase obrera no participa ni en la lucha de sus propios convenios.

Con la nueva constitución que se nos avecina, de conseguirse los objetivos propuestos por el régimen, los pobres, los excluidos, la clase obrera y los pueblos vendremos a soportar otros 30 años de expolio legal, amparados en el nuevo Estado de Derecho que ellos nos están montando.
Por Miguel Cano

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#YoSiQuieroProcesoConstituyente
Fuente: http://www.laotraandalucia.org/node/3610

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