Confluencias

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Por Eduardo Maura

Anoche se registraron legalmente las confluencias en las que concurrimos el 26-J, tanto las que reeditamos en Catalunya, PV o Galicia como las nuevas: Izquierda Unida, sobre todo, pero también MÉS en Baleares. La apuesta por las confluencias y por multiplicar esfuerzos, capacidades y resultados fue fundamental en diciembre y debe serlo, más si cabe, en junio. En muchos espacios y lugares se percibe mucha ilusión por las nuevas confluencias y por el acuerdo con IU. Es normal y bueno que sea así. Llegamos al 26-J habiendo hecho los deberes. Hemos entendido, todas y todos, que hacía falta echarnos una mano. Es cierto que también han surgido críticas y que desde diferentes lugares se han mostrado reticencias: se ha hablado mal de la candidatura de Julio Rodríguez por Almería, en Asturias hay problemas, se habla de discrepancias dentro de las diferentes organizaciones, etc. La realidad es que blanco y negro, ilusión y conflicto, pueden darse a la vez. 

Sin embargo, lo más importante no está ni en el blanco inmaculado del extasis confluyente ni en el negro de los agoreros que solamente piensan en las dificultades. Ni el blanco de la mera ilusión ni el negro del pesimismo van a darnos la victoria el 26-J. La clave está en la escala de grises que uno se encuentra por ahí. Por ejemplo, toda esa gente de la calle a que la confluencia con IU ni le entusiasma ni le horroriza, o que no ha entendido muy bien estos meses, o que no está de acuerdo con todo lo que hemos hecho, pero que cuando habla te hace sentir que las razones del cambio siguen ahí. La confluencia ayuda, pero no es un fin en sí misma ni una herramienta que funcione sola. Han pasado cosas estos meses que nos van a obligar a explicarnos y a dar las razones del cambio más y mejor que en la primera vuelta.

Nada ni nadie importa más que todas esas personas que votaron el 20-D y necesitan razones para volver a hacerlo. Importan las personas que nos miran con simpatía pero no siempre nos sienten cerca. Hagamos la mejor campaña para todas las personas que no llegaron a confiar en el cambio político en diciembre, pero que ahora se encuentran con esta segunda oportunidad. Le debemos todo -también la confluencia- a esas personas que al final no votan, pero que si lo hicieran sería por el cambio. Salimos con fuerza y con ilusión, pero todavía no hemos conseguido nada.

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