La Somnolencia versus Utopia

Es ese estado intermedio entre el sueño y la vigilia en el que se es consciente, pero caminamos aún en parte del camino de los sueños.

La inmensa mayoría de la sociedad de los países llamados “desarrollados”, han vivido un sueño de vida durante los últimos 100 años. Y en un sueño mas profundo, desde los años 50.

El cambio producido en ese sueño inducido, es la introducción sibilina de un valor cartesiano ancestral. El individualismo, el egocentrismo, el falso autovalor personal.

Todo a cambio de una idealización, introducida en nuestras mentes vil y alevosamente del mismo modo que en la película “Origen” (la recomiendo).

Esa idealización de vida impuesta, nos exige un sacrificio. La sumisión. La perdida del libre albedrío. El sometimiento a la norma. Y subyugarnos al automatismo del sistema.

Un sistema que no hemos elegido, sino que nos han impuesto.

Un sistema que se ha encargado de materializar parte de esa idealización, pero solo parte, y a cambio de mucho trabajo y esfuerzo, y solo accesible a una parte no a todos, y de forma limitada.

Estudiaras, tendrás tu carrera, conseguirás tu trabajo,con el que ganaras el dinero, para comprar tu coche, para casarte, para tener hijos, para cenar en restaurantes, para ir a ver la última película de Spielberg o Nolan, para el enésimo concierto de los AC-DC, para tu móvil de ultima generación con huella dactilar, para hacer buceo o snorkel en Galiza, para vestir tus zapatillas de marca favoritas, para tener tu tablet, tu pc y tu portátil, para conseguir esa casa donde querrás pasar tu vida con tu pareja hasta que el estimulo siguiente sea abandonar ese piso y comprarte una casa o un chalet, o para cambiar aquel primer coche por un 4×4, y después llegar a una edad para retomar esa actividad física perdida, volviéndote un obseso/a del runner*, que pasara por hacer vueltas populares, luego medias maratones, maratones, triathlconsumerism-1644808_1920ones, iromans, luego la bicicleta de 3000 €,…

…el traje de neopreno para nadar en el mar, crear un plan de pensiones, comprar todas las consolas habidas y por haber a tus hijos/as, Disneyland o Port Aventura o similar, el colegio de tus hijos ya puestos en centros quizás privados y su coste, con todas sus actividades extra escolares, viajaras a lugares exóticos en busca de nuevos estímulos en viajes low cost, y la ropa tendrás mas de la necesaria, suficiente para no repetir conjunto, aunque luego solo utilices unas cuantas de ellas, y ya puestos porque no una moto para hacer esos viajes por Europa tan molonamente de viajeros por el mundo, ….

….y así todo, desde bien pequeños sin poder elegirlo, porque el “sistema” ya se ha encargado de que de bien pequeños nos instruyan en la competitividad, en el sueño de alcanzar y desear mil cosas fútiles, hasta colocar cuales han de ser nuestros sueños en lugar de dejarnos soñar y anhelar nuestro futuro por nosotros mismos. Para ello nos inculcan educativamente en la competitividad, no en la cooperatividad. Nos forman desde la exigencia, no desde la autoestima. Nos sesgan el sentir, para estimular “el deseo”, etc

Finalmente nos convertimos en productores eficientes a bajo coste, y consumidores compulsivos a niveles inalcanzables

Y para que no aparezca la angustia de la insatisfacción, nos la canalizan para desahogarnos en mil y un estímulos donde vomitarlas (fútbol, política, etc), y por supuesto, pagando por ello (siempre ha de haber un rédito para el negocio, y no importa de qué).

Hasta que ya no eres productivo, y pasas a ser al 100% un bien de consumo (como siempre lo has sido), donde las pensiones, residencias, tratamientos médicos, etc, suponen la guinda de un pastel, donde tu vida tiene menos valor que un acción de Abengoa, pero genera negocio que otros pagan (porque por ti mismo no podrías ni habiendo ahorrado toda tu vida).

Te dicen: Aceptalo es lo que hay, el sistema es así. Si aceptas, pierdes lo último que te quedaba: La dignidad.

A partir de ese momento, vienen las justificaciones, los argumentos, las excusas.

Pero no valen, no existen, no son verdad, ….y lo sabes. Pero te resignas.

Si te resignastes, ….lo siento por tí, dejastes en el camino lo que te dignificaba como ser humano. En definitiva, estas muerto. Pocos resucitan de ese estado.

Pero si sigues ahí, fiel a tus instintos, a tu presente, a valorar y aprender de tus errores, a seguir disfrutando de lo que es real, discerniendo la mentira de este falso mundo idealizado, si haces porque este mudo sea mejor en la medida de tu entorno, si la solidaridad es un valor en ti y no la caridad, si compartes sin esperar nada a cambio, si no te justificas detrás de la hipocresía,  ….entonces, ….enhorabuena.

Sufriremos juntos, pero seremos dignos.

La utopía solo existe como tal, para quienes no creen en ella. Para los demás, es algo plausible aquí y ahora.

*Todos mis respetos hacia quienes hacen running, o realizan cuanto he descrito, si ello les nace de sí libremente, y no como resultado de una estrategia de mercadotecnia del sistema. (La linea es delgada, y ninguno estamos exentos de ella)

Fuente: http://alcantarillasocial.com/la-somnolencia-versus-utopia/

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