Vistalegre II: ¿renacimiento o suicidio?

Por Santiago Alba Rico
http://podemosenmovimiento.info/manifiesto/

https://recuperarlailusion.info

Acabo de firmar dos comunicados, uno llamado “Recuperar la ilusión” atribuido al así llamado sector “errejonista”, y otro de nombre “Podemos en movimiento” vinculado a Anticapitalistas. 

Alguien podría considerar que con este doble gesto demuestro una frívola falta de criterio o de coherencia. No lo creo. Sería incoherencia si hubiese firmado un manifiesto a favor del aborto y otro en contra; o uno en favor de la LOMCE y otro en contra. 

Pero el caso es que he firmado dos textos redactados y apoyados por amigos y compañeros de Podemos que afirman pretender cambios organizativos similares de cara a la próxima asamblea de Vistalegre II. 

Podrán materializarse luego en propuestas procedimentales más o menos convergentes, pero ningún simpatizante podemita que los lea con ingenua seriedad verá nada incompatible -o siquiera divergente- entre los dos. Para atribuir falta de criterio a mi decisión o detectar alguna contradicción entre los dos textos es necesario conocer las luchas internas de la formación morada y saber que el así llamado sector “errejonista” está enfrentado al sector Anticapitalista, aliado ahora -tras su choque con él en Vistalegre I- de Pablo Iglesias y los así llamados “pablistas”. ¿Qué pasa en un partido en el que para diferenciar dos textos iguales y dos propuestas hermanas hay que conocer la relación de fuerzas en una lucha interna de poder? ¿Es ése el “partido de la gente normal”? 

Vistalegre I encontró felizmente una solución que traía infelizmente aparejado un problema. Sobre esa “solución” conviene no olvidar ahora -al volver la cabeza y contemplar el vértigo de estos dos años densísimos- dos datos difícilmente soslayables. El primero es que esa “solución” realmente lo fue. Sin duda podrían haberse hecho mejor las cosas; se tocó con los dedos, pero no se consumó, un sorpasso que hoy aliviaría muchos conflictos internos. Pero sería absurdo negar el éxito electoral de Podemos. Si Vistalegre I debía construir un instrumento capaz de afrontar con garantías la yincana apremiante de un millón de comicios sucesivos, es incuestionable su funcionalidad: pasar de 0 a 71 diputados –por no hablar de parlamentos autonómicos y ayuntamientos– es un logro casi alucinante con pocos precedentes históricos. Por eso mismo sería igualmente absurdo considerar Podemos un partido fracasado y concluir que, para superar ese fracaso (de 71 diputados), es necesario recuperar prácticas organizativas y discursivas que el 15M declaró fuera de juego y que apenas tenían representación ni en las calles ni en las instituciones. Vistalegre II debería pensarse a partir del éxito relativo de Podemos, no de su relativo fracaso, para liberar ahora la organización de todos los viejos lastres ‘prequincemayistas’ y profundizar las fórmulas que nos han dejado a medio camino.

El segundo dato a tener en cuenta es la deriva organizativa de estos dos años de locos. Muchos votamos el modelo vigente con conciencia de sus límites y no sin críticas, resignándonos a la necesidad de forjar una herramienta cuya flexibilidad era trágicamente proporcional a su centralismo y verticalidad. Vistalegre tenía sus límites democráticos, pero el problema fue, en todo caso, que sus estatutos nunca llegaron a entrar en vigor. 

El equilibrio entre círculos, consejos ciudadanos y secretaría general nunca fue respetado, ni siquiera en el formato insuficiente aprobado por los inscritos en octubre de 2014. 

Muy pronto tanto los círculos como los consejos ciudadanos se volatilizaron y sólo quedó, cada vez más poderosa y petrificada, la secretaría general. 

Los límites democráticos de Vistalegre I permitían, pero no imponían, esta deriva; y ahora que la yincana ha terminado y hay que encarar la reconstrucción organizativa de Podemos es necesario establecer nuevas normas que la impidan para siempre. Ni Pablo Iglesias ni ningún otro futuro secretario general deberían tener nunca tanto poder como el que les otorgaba Vistalegre I.

Porque ha sido ese desequilibrio organizativo en favor de la secretaría general, a expensas de otros órganos de deliberación y decisión, el que finalmente ha activado una lógica de facciones, poco transparente y maniobrera, en la que el propio Pablo Iglesias ha acabado siendo, más que secretario general, el cabecilla de una de las facciones. Podemos ganó a medias –pero sólo a medias– la batalla electoral, pero generó una guerra interna que los medios de comunicación se han limitado a explotar y exagerar. Esa es la batalla que puede dejar fuera de juego a Podemos. En el momento más difícil de la historia de Europa de los últimos 80 años, cuando la justicia social, la democracia y los derechos humanos van perdiendo en el continente y en el mundo entero por goleada, cuando la única alternativa a la derecha neoliberal es la ultraderecha identitaria, la “generación mejor formada de la historia de España”, capaz de ilusionar a millones de personas y convertir a nuestro país en una potencial excepción, se revela también como la más inmadura e infantil y la más convencional e irresponsablemente “de izquierdas”: esa “izquierda” que siempre ha sabido cumplir con su “misión histórica” de suicidarse en el “momento justo”.

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No nos engañemos. El problema de los debates, las declaraciones cruzadas, los manifiestos no es que no sean interesantes e incluso a veces muy hermosos: es que, en una guerra de facciones, resultan sencillamente “increíbles”. Cuando los debates y las declaraciones están concebidas para dañar a un compañero rival y todo el mundo es consciente de ello, las invocaciones al amor, los cuidados, la horizontalidad o “la gente” suenan tan falsos –digámoslo del modo más duro– como las jaculatorias a la democracia y el humanitarismo de los EEUU antes de bombardear un país. Muchos empezamos a sentir –y si me ocurre a mí, podemita incorregible, no quiero ni imaginar a la “gente”– muchos empezamos a sentir, digo, una preocupante incredulidad ‘quincemayista’ frente a las declaraciones de nuestros dirigentes. No nos creemos lo que dicen. No me creo ya ni siquiera a mí mismo cuando escribo estas líneas.  Una guerra de facciones no la gana nadie; destruye los partidos. Y los destruye porque expulsa a los que ya están, descorazona a los que faltan y fanatiza a los que se quedan. “Transversales” quiere decir organizados al margen de facciones, a través de debates transparentes entre corrientes y tendencias y abiertos también a todos los que ya han aprendido a nombrar el problema pero quieren soluciones, y no sólo debates.

He firmado, pues, los dos manifiestos –el de los así llamados “errejonistas” y el de Anticapitalistas– para protestar contra la guerra de facciones y alertar sobre sus consecuencias. Vistalegre II, si quiere dejar atrás Vistalegre I y proponer una alternativa al neoliberalismo y a los destropopulismos, tiene que desterrar la lógica faccional que contamina los debates para devolverles, más allá de cacareos de gallo y sonajeros de liderazgo, su credibilidad y su eficacia. No está en juego la victoria de una facción. 

Está en juego la supervivencia de Podemos y la posibilidad de frenar y revertir la carrera europea hacia el abismo. No seamos “de izquierdas”: no tiremos a la basura estos dos años jadeantes de creatividad inesperada ni las esperanzas despertadas, de entre cuyas cenizas –si nuestro infantilismo así lo permite– nacerán los monstruos que campan ya en el resto del continente. O se llega a Vistalegre II en condiciones que garanticen que los debates son reales y realmente deciden o se convertirá en un suicida ajuste de cuentas, quizás no tan bochornoso como el del PSOE pero igualmente autodestructivo. Para evitar eso es imprescindible que documentos y candidaturas se voten por separado, a partir del presupuesto de que nadie pone en cuestión el liderazgo de Pablo Iglesias, pero muchos sí -legítima y lealmente- algunas de sus apuestas políticas.

He firmado los dos textos para protestar y alertar contra el faccionalismo. 

Creo que algunos otros compañeros también lo han hecho e invito a todos a hacerlo. 

Pero he firmado los dos textos asimismo porque creo sinceramente que los así llamados “errejonistas” y los Anticapitalistas afrontan Vistalegre II desde la misma convicción: la de que es urgente, indispensable, improrrogable, ahora que la yincana nos da un respiro, democratizar la organización a partir del modelo o la inspiración de los movimientos sociales, cuyas “formas” tienen tanto contenido político y tanta capacidad de tracción como los discursos más radicales. Entre los así llamados “errejonistas” y los Anticapitalistas sumarán sin duda más de dos propuestas -quizás cuatro o cinco- y habrá que discutirlas, pero la condición para esa discusión y para su desenlace democrático es ese horizonte común que comparten los firmantes de uno y otro manifiesto: un Podemos descentralizado, con un equilibrio real entre las instancias decisorias (círculos, consejos, ejecutiva), con un sistema de votación más proporcional capaz de integrar a todas las corrientes y tendencias y con una comisión de garantías independiente.

En definitiva: lo que compartimos los firmantes de los dos documentos (y yo dos veces) es la conciencia de lo que no debe ocurrir de ninguna manera en Vistalegre II. Vistalegre I fue una solución y un problema; Vistalegre II debe servir para remodelar Podemos, más feminista, más plural, más democrático, y no para refundar IU o el PC. Vistalegre I estableció límites cuyas consecuencias ya conocemos; Vistalegre II no puede estrecharlos aún más sin renunciar a ser la fuerza que detenga al monstruo destropopulista cuyo paso ha franqueado el neoliberalismo. Por eso he firmado los dos textos. Porque si Vistalegre II se convierte finalmente en un combate de boxeo con victoria por KO no sólo muchos nos alejaremos del único proyecto que hemos apoyado con entusiasmo en nuestra vida; mucho peor: Europa y su gente quedarán aún más desprotegidas frente al galope de los jinetes del apocalipsis. Y esta vez sí será culpa nuestra.

(*) Santiago Alba Rico es filósofo y columnista.

http://podemosenmovimiento.info/manifiesto/

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Fuente: https://www.cuartopoder.es/tribuna/2016/12/10/vistalegre-ii-renacimiento-o-suicidio/9393

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