Un coche ecológico, cooperativo y malagueño

La Cooperativa Evovelo de Málaga está a punto de sacar a la venta el Mö, un vehículo eléctrico ligero que se carga con energía solar. Funciona a pedales, pero con un pedaleo muy suave se activa la batería eléctrico-solar, que hace que el vehículo (en el que puede ir otra persona al lado y un niño atrás) pueda circular a una velocidad de hasta 50 kilómetros por hora. Tiene el tamaño de un Smart y es de uso exclusivo en la ciudad.

“La palabra es vehículo”, indica Mari Carmen Blanco, directora de Evovelo. “No es una bicicleta, pero en todo caso es más parecido a una bici que a un coche. Está pensado para que el pedaleo sea suave, que no te mojes con la lluvia y que no llegues sudado al trabajo. El mö es un vehículo solar eléctrico (LEV). Su motor puede alcanzar hasta 50 km/h y su potencia se puede limitar vía software para adaptarse a las legislaciones de diferentes países. Para Europa, la potencia estará limitada a 250W y su velocidad máxima con asistencia del motor será de 25 km/h”.

Siendo así de lento, para conducirlo legalmente no se necesita seguro (aunque es recomendable) ni permiso de conducir. “La idea era crear un vehículo que no contamine, que se pueda utilizar para pequeños recados, y que no cueste caro”, agrega Blanco.

El mö puede recorrer 50 km al día con una carga de batería. Ésta se carga gracias a las placas solares, tanto cuando está aparcado como mientras circula, siempre que haya sol (tarda de ocho a diez horas). En caso de necesitarlo, la batería se puede extraer para cargarla en casa o donde sea más cómodo en un enchufe convencional. En una hora ya está al 90%.

El vehículo puede transportar a dos personas sentadas en paralelo delante y uno o dos niños y/o una cantidad variable de carga detrás. Aun así, se trata de un vehículo ligero, porque pesa menos de 85 kilos.

Existen ya vehículos parecidos al Mö en otras partes del mundo, pero lo que diferencia el invento español del resto es que éste es completamente cerrado, y está construido con madera aeronáutica y plástico reciclable. El 80% del vehículo se puede reciclar. Se intenta que sea todo lo sostenible posible.

Cuesta 4.500 euros, y se puede reservar por 300 euros, para tenerlo cuando salga al público, a finales de 2016 (si finalmente no se quiere, se devuelve el dinero).

En fase de pruebas

Hasta ahora se encontraba en la fase de desarrollo. Presentaron el primer prototipo en la pasada Cumbre de París, y les llegaron muchas peticiones de empresas y personas que querían tanto adquirirlo como distribuirlo, y entrar en la fase de pruebas.

Por un 20% menos de lo que cuesta el vehículo ya finalizado, la compañía ha abierto un programa para beta testers, personas que lo prueben y puedan ir enviando informes y participando en foros para su mejora. Quienes se apunten lo tendrán ya este verano. “Fuimos a París pensando que teníamos que volver con al menos unos 100 beta testers, pero nos hemos encontrado con más de 450 personas de todo el mundo que se apuntan”, afirma la directora de Evovelo.

No cualquiera puede ser un beta tester porque se requieren algunos conocimientos. Por ello, la cooperativa realiza entrevistas. “Necesitamos que se puedan expresar en inglés porque habrá espacios comunes probando experiencias en varios países”, explica Blanco. “Les va a llegar a casa un kit, y deben poder montarlo. Es muy sencillo hacerlo, pero hay que tener ciertos conocimientos”.

La idea de la cooperativa es que, si se quiere, puede recibirse en una caja en el domicilio, y que quien quiera lo pueda montar en casa, como un mueble de Ikea. “Es muy sencillo. Nos complicamos mucho la vida”, agrega Blanco. “Nuestra idea es acoplarnos a lo que la gente necesita y no contaminar más de lo necesario”.

Gonzalo Chomón fue el precursor de esta cooperativa, que lleva ya un año y medio de andadura, y ahora comienza a producir. Chomón tenía ya conocimientos y una empresa de prototipos de baterías. Cuando puso en marcha su Mö vio que era un producto rentable, y decidió formar una cooperativa, con tres socios más, amigos que ya habían trabajado con él.

La idea era, y es, social. Se trata de una cooperativa de trabajo, y su producto es de código abierto para que cualquiera pueda colaborar y mejorarlo. Al fin y al cabo, el objetivo es que el producto mejore la vida de las personas y el medio ambiente. Al ser una organización abierta, también cuenta con colaboraciones externas de personas que trabajan de forma desinteresada. Trabajan además en código abierto, porque creen firmemente en que se avanza más rápidamente compartiendo el conocimiento.

A largo plazo, la idea es que ese conjunto de personas y empresas pueda llegar a producir coches, como los convencionales pero que funcionen de esta manera, para recorridos de larga distancia, camiones o lo que haga falta. “Elegimos la fórmula cooperativa porque está en línea con nuestra forma de pensar”, concluye Blanco. “El beneficio no sólo es económico, sino social. El Mö está pensado para ser montado en microfábricas, para que pueda fabricarse y ensamblarse también en otros países. Tener que enviarlo no es nada sostenible. Nuestra idea de negocio es tener distribuidores que construyan allí y beneficien su economía local, no llevárnoslo todo nosotros a costa de contaminar. Al fin y al cabo, vivimos en un mismo ecosistema. Las cooperativas de trabajo tienen como finalidad que el socio sea trabajador, no capitalista. El socio tiene que aportar trabajo, es un comprometido. Eso es lo que buscamos, aunque la inversión es necesaria.”

Como en otras tantas cooperativas, el problema ha sido la falta de inversores interesados. Les ha costado. Algún inversor les ha invitado a convertirse en sociedad limitada, para poder aportar dinero. Pero ellos se han negado. “Nos está costando bastante, además de por el hecho de ser cooperativa, porque estamos en Málaga y aquí no están los centros de inversión”, agrega Blanco. “También hay problemas con la producción porque en Málaga no hay la infraestructura adecuada. Lo haremos igualmente en el resto de España”.

En estos momentos se encuentran en una fase de financiación para empezar con la cadena de producción, y necesitan 200.000 euros. Mientras tanto, están llegando peticiones de beta testers que, además, quieren poner dinero y convertirse en distribuidores, probando el vehículo mientras lo muestran. Pero el camino no ha sido fácil.  Hasta ahora han aportado, entre los socios trabajadores y tres inversores, 250.000 euros.

“Hemos puesto trabajo, dinero en efectivo y medios materiales nuestros. Hemos estado viviendo de nuestros ahorros, pagando gastos y desplazamientos”, cuenta Blanco. “Estamos haciendo un producto que se tiene que fabricar y es muy costoso. Sabíamos que esto iba a pasar hasta que tuviéramos el prototipo. Hemos tenido la inmensa suerte de tener un socio en Francia que difundió el proyecto. Hemos podido ir a París, y hay gente interesada en Colombia y México. Además, hay bastantes beta testers de Alemania, porque la cultura de la bici está muy extendida. Además, por ejemplo, las opiniones de los alemanes son muy diferentes de las de los mexicanos. Son distintos climas y distintas legislaciones. Hay mucha gente interesada. En París, una empresa quiere usar nuestro Mö como taxi solar. Esto tiene muchas aplicaciones a escala empresarial. Nos ha costado que lo vean. Lo hemos hecho todo sin campaña de marketing, porque no hemos tenido fondos. Pero ahora la cosa comienza a cambiar”.

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Por Mariana Vilnitzky para eldiario.es

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