¿Qué municipalismo?

En el contexto político actual, marcado por la crisis del neoliberalismo, la crisis de la vieja izquierda y el auge de la extrema derecha, una de las apuestas políticas que parece estar tomando fuerza es el municipalismo. 

En el caso del Estado español señalar esto resulta una obviedad, pero también podemos ver que el proyecto avanza en otros lugares como Estados Unidos, Polonia, Italia o ciertas ciudades latinoamericanas como Valparaíso o Rosario, entre muchos otros ejemplos. 

El encuentro Fearless Cities (Ciudades sin Miedo) que tuvo lugar en Barcelona a principios de junio de este año mostró con sus más de 700 participantes de todo el mundo que vale la pena seguir con atención el desarrollo de este nuevo espacio político municipalista global.
Evidentemente, el municipalismo no es una idea nueva. 

Se puede rastrear dentro de tradiciones como el anarquismo libertario o el republicanismo y también se pueden encontrar ideas afines en movimientos urbanos de diferentes tipos, momentos y lugares. 

Incluso hoy en día varios partidos estatales desde Podemos hasta el PP hablan de municipalismo como si fuera un tema con el que todo el mundo se identifica, como la justicia o la libertad 

¿Pero de qué estamos hablando exactamente a día de hoy cuando hablamos de “nuevo municipalismo” o “municipalismo transformador” tal como lo defienden las Ciudades sin miedo?
Hay quienes afirman que municipalismo es simplemente autogobierno local y que implica, por lo tanto, que las ciudades y pueblos tengan competencias para decidir sobre sus propios asuntos. 

Otras afirman que se trata más bien de una estrategia política que prioriza la acción local frente a otros niveles. 

En realidad, el municipalismo de las Fearless Cities incorpora las dos ideas, porque considera que están relacionadas entre sí. 

Ahora bien. ¿Cuál es el contenido de este nuevo municipalismo, más allá de estos dos elementos? ¿Qué municipalismo es el que defienden?
En primer lugar, hay que destacar la construcción de una plataforma política singular que refleje las diversas sensibilidades del tejido político local y que responda a los temas y circunstancias locales. 

No alcanza con tener una sucursal de un partido autonómico o estatal, sino que es necesario que sea la plataforma local quien se identifique a sí misma y sea identificada por otros/as como actor político. 

Esto significa que aunque trabaje con plataformas municipalistas de otros lugares, lo natural es que éstas no se asemejen ni en sus prioridades, ni en sus tipos de miembros, ni en sus formas.
Segundo, la exigencia de que los gobiernos locales no sean simplemente el último escalón inferior de la administración estatal, sino espacios de autogobierno. 
El municipalismo defiende la cesión de competencias al ámbito local. 
Que las decisiones que nos afectan en Barcelona se tomen cada vez menos en Madrid o en Europa. 

Por ejemplo, que si el problema de la vivienda o la contaminación nos afectan a nivel local, tengamos herramientas para luchar contra Airbnb y para restringir el uso del coche privado.
Tercero, y relacionado con el punto anterior, la radicalidad democrática. 

No alcanza con el autogobierno local, sino que el poder local tiene que ser ejercido de manera radicalmente democrática.

 Como dijera Debbie Bookchin en el encuentro Fearless Cities  …

“el municipalismo no va de implementar políticas progresistas, sino de devolver el poder a la gente común”. 

De hecho, el municipalismo surge en muchos lugares como respuesta, precisamente, a la falta de democracia de las instituciones públicas y de los partidos políticos. 

Un ejemplo que se puede ver en muchas candidaturas municipalistas es la elaboración abierta y participativa de propuestas programáticas “desde abajo”, contando con la inteligencia colectiva de la población. 
Otro ejemplo es la implementación de reformas de los mecanismos de participación local por parte de los gobiernos municipalistas: plataformas digitales para la toma de decisiones, presupuestos participativos, iniciativas y consultas ciudadanas, etc. 
La hipótesis que hay detrás es que si a esta escala no se puede conseguir poner en marcha mecanismos de decisión que empoderen a las personas ordinarias, no se podrá hacer en ninguna escala superior.

Cuarto, el cuestionamiento de la división tajante entre el ‘dentro y fuera’ de las instituciones locales y la aceptación de que existe una tensión necesaria y productiva entre estos dos espacios. 

En muchos casos la organización de candidaturas municipalistas viene de movimientos sociales y de ciudadanas ordinarias que deciden entrar a las instituciones políticas presentándose a las elecciones. 

Con frecuencia se menciona el riesgo de que a través de esta apuesta se descapitalicen los movimientos sociales o que se entienda que no hace falta presionar a gobiernos amigables. 

Por el contrario, el municipalismo de las Ciudades sin Miedo entiende que la capacidad de acción institucional depende de una sociedad movilizada en la calle: de abrir las instituciones a la ciudadanía estar alerta a las críticas de los movimientos sociales. 

Por eso, defiende tanto la ‘presión desde fuera’, como la apertura de mecanismos de decisión realmente democráticos en las instituciones locales.

Quinto, el municipalismo de las Fearless Cities es feminista. 

Esto implica: 

a) paridad de género en todos los espacios, actos y cargos, 

b) tener programas políticos que luchen contra el sistema patriarcal que se refleja en las estructuras institucionales y las políticas públicas 

c) cambiar las formas de hacer política: romper la separación tajante entre “lo público” y “lo privado”, horizontalizar la toma de decisiones, huir de los estilos confrontativos, poner acento en lo común y relacional y abrazar la diversidad como un elemento natural de la política.

En sexto lugar, el municipalismo del que estamos hablando no se mira el ombligo, sino que su vocación es internacionalista o, mejor dicho, global. 

El nuevo municipalismo es consciente de que lo que nos afecta a nivel local depende en gran medida de lo que sucede en otros niveles, que van del regional/autonómico al estatal y al resto del mundo. 

Y, por el otro lado, también sabe que los municipios tienen una gran responsabilidad frente a problemas globales y que las plataformas políticas municipalistas necesitan apoyarse mutuamente para poder reforzarse en otros niveles. 

Es por este motivo que, precisamente, lo que están construyendo las Fearless Cities es un nuevo espacio político a nivel global en el cual se trabaja en red.

Para finalizar, cabe aclarar que, así entendido, el municipalismo transformador se practica no solamente en las ciudades grandes, sino también en unidades más pequeñas, que pueden ser tanto distritos o barrios, como municipios más pequeños. 

Además, evidentemente ninguna plataforma municipalista se adecua 100% a estos parámetros, pero resulta significativo que ninguna de ellas tenga tampoco miedo a reconocerlo: estos ideales pretenden ser una guía para la autocrítica y la reflexión política permanente. 

Una de las razones para ello es que rechazar la infalibilidad del proyecto político municipalista es una forma de desmasculinizar la práctica y la reflexión políticas. Considero que esto resulta paradójico y bonito a la vez.

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